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Historias del extrarradio
Xu Zechen
ISBN: 978-84-10-14126-1
Encuadernación: Cosido
Formato: Rústica con solapas
Fecha de publicación: 18/3/2026
Número de páginas: 232
Traducido por: Belén Cuadra Mora
Imagen de cubierta: Jon Juárez
PVP: 21,00 €
Muyu, un joven de diecisiete años procedente de un pequeño pueblo, ha llegado a Pekín persiguiendo el sueño de un porvenir más próspero. Sin embargo, la vida en la ciudad, donde trabaja con sus amigos para un falsificador de documentos, es un precario equilibrio en el que la lucha y la resignación compiten con la ilusión y el anhelo de algo mejor. Los chicos observan su callejón desde la azotea de una casa baja que comparten en las afueras de la ciudad, juegan a las cartas, beben cerveza y hablan de sus aspiraciones, aunque en realidad no esperen nada más que la promesa de un futuro que no termina de vislumbrarse en medio de ese monstruo creciente de cemento y cristal.
Los relatos de Xu Zechen, una de las voces más reconocidas de la nueva generación de escritores en China, se centran en el sufrimiento y la pugna diaria de la gente corriente y en sus tragedias personales. En un tono que oscila entre lo coloquial y lo lírico, Xu Zechen narra aquello que acontece a espaldas del resplandor de las luces de los rascacielos. La vida se abre paso en mitad de las dificultades, de la precariedad, de los anhelos no cumplidos, de la cotidianidad interrumpida por la violencia fortuita y por los giros más sorprendentes del destino.
«El trabajo silencioso de Xu Zechen ha dado voz a las clases sociales igualmente silenciosas que luchan en los límites del paisaje urbano del país». China Daily
«Jóvenes aburridos de la vida del campo, vendedores ambulantes y marginados se mezclan con falsificadores, matones y exconvictos. El realismo y el surrealismo, la tragedia y la farsa se desarrollan en las callejuelas anónimas de la aparentemente interminable expansión urbana de Pekín. Esta es una de las obras más emocionantes y enérgicas que se han publicado en China en la actualidad». Paul French
- DETOUR (Juan Jiménez García)
Xu Zechen. Los días, por Juan Jiménez García
Pienso en esa terraza en el extrarradio de Pekín, en las borgate romanas de Pasolini, en todas las periferias, que son tantas. Ese lugar en el que la ciudad se descompone, pero también aquel exterior del pueblo, rural. Como un punto de acceso, una orilla. Sí, yo también llegué de una aldea hasta la ciudad. Me llevaron. Solo tenía tres años y decían que era un niño feliz, el juguete de todas las chicas. Después, bueno. Los tres protagonistas de Historias de extrarradio comparten origen y fin. Este podría ser un libro de relatos, escritos en diferentes años, cada uno de ellos incorporando nuevos personajes, nuevos destinos. Pero, leídos todos juntos, conforman esto otro, una novela. Una novela de alguna manera. Incluso cuando Muyu insiste en su neurastenia, cuando vuelve sobre su fracaso escolar, cuando abunda en los beneficios de correr, cuando lo ya escrito es otra vez escrito, debe ser así. La vida es repetición. En los dos primeros capítulos-relatos, esa fuerza de atracción del eterno regreso es brutal, hipnótica. Del mismo modo, se repite el fracaso. Aunque Pekín sea aquello que se ve desde esa terraza, es un sitio lejano, inalcanzable.
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Xu Zechen escribe con vitalidad sobre el aburrimiento. Cada vuelta de página es no saber, como cada día es una incógnita para sus protagonistas, aunque pasen las noches publicitando un número de teléfono. Descienden por los meandros que forman las calles y callejuelas. Corren, esperan, aspiran. Viven. Cuando se ponen a pensar, se dan cuenta de que ya llevan demasiado tiempo en lo mismo, que nada se mueve, aunque estén nunca quietos, que no es eso lo que querían. Frente a ese decaimiento, lo otro es volver. Volver al pueblo, a la familia, a algún matrimonio concertado, a ser pescador o andar con un monito. A menudo sueñan y esos sueños se entrelazan con sus propias vidas, aunque no quieran admitirlo. Viven la injusticia como lo inevitable y entonces sufren de una melancolía a la que no saben poner nombre. Es como esa corona del Rey Mono que aprieta la cabeza de Muyu y le recuerda que no es inmortal. Cuando en los años noventa empecé a ver el cine chino de la nueva generación, la de Zhang Yimou o Chen Kaige, algo se rompió en mi interior para siempre. Luego vino la generación perdida, Wang Xiaoshuai y Jia Zhangke. Sus personajes hubieran compartido terraza con los de Xu Zechen. Tienen el mismo pálpito, comparten el mismo devenir, son esas pequeñas cosas de un país inmenso. El mundo, su mundo, se viene abajo, mientras surgía, surge otro, difícil de entender. El frío tremendo de The Days o Frozen, el tremendo extravío de Xiao Wu. Luego, esas mismas excavadoras de Historias del extrarradio están en Naturaleza muerta, enterrando pasados en busca de un futuro incierto. Hay un espacio compartido, un latir, una intensidad. Leyendo a Xu Zechen he reencontrado esa rotura-ruptura. Todo sigue ahí. La misma conmoción, la misma tristeza por la belleza. Maneras de contarnos desde el más allá. Decía Marco Bellocchio: China está cerca.
- ZENDA (Juanan Galán)
La azotea infinita
Reconozco que soy un lector ocasional de cuentos. Por culpa de un prejuicio estúpido, suelo descartarlos en favor de la novela, para mí la obra de arte definitiva. En Historias del extrarradio, Xu Zechen toma una decisión estructural sencilla pero brillante con la cual me metió directamente en su bolsillo. El autor hila todos los relatos a través de unos mismos protagonistas y de un escenario principal que conseguirá nuestra inmediata implicación: unos jóvenes procedentes de la imaginaria y rural calle Hua comparten casa en el extrarradio de Pekín. Del mismo modo que los anillos que la conforman impiden que la megaciudad se desgaje, la azotea en la que los muchachos beben cerveza y juegan a las cartas les brinda un lugar perfecto desde donde imbricar sus historias. Zechen noveliza así sus relatos dotándoles de un andamiaje transversal. Y de paso nos demuestra que el Yoknapatawpha centennial chino cabe en ese rectángulo embaldosado. Se trata de un hallazgo de un simbolismo modesto pero precioso. Desde la azotea, los chicos divisan toda la monstruosa ciudad que los acoge y al mismo tiempo amenaza con destruirlos.
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Y ahí vino de nuevo Xu Zechen, con su trabajo silencioso e incansable, a decirme que me dejara de gaitas. Lo que estas historias nos enseñan es que la vida es muy dura. Los cuatro chicos protagonistas matan su abulia y su incomprensión bebiendo y fumando en la azotea en aparente relajo. Sin embargo, en cuanto bajan de allí, el mundo se les revela en toda su hostilidad. Sufrirán la violencia, la precariedad, el desarraigo. Mezclando notas de trazo hiperrealista con otras alegóricas y fantásticas, Zechen nos regala un buen puñado de finales dramáticos. En el camino, los personajes de Historias del extrarradio serán confrontados con la precariedad laboral, las consecuencias de la política del hijo único, la violencia gratuita de las bandas callejeras, el colapso de una demografía y un plan urbanístico imposibles, la brecha emocional insalvable de los que abandonaron el campo por la ciudad… A todo ello se enfrentan estos chavales, casi unos niños, que sobreviven alienados por un sistema que les hace olvidar que son humanos cuando se van derrengados a la cama. Su indefensión e ingenuidad parece extenderse incluso al asunto romántico. En estos relatos no hay demasiado romance y cuando este se asoma, las relaciones con las mujeres son quiméricas o turbias. El encuentro amoroso será cosa de musas inalcanzables al estilo becqueriano o de prostitutas como en un permiso de un soldado destinado en Saigón.
En definitiva, el libro nos habla acaso de una de las pandemias más desoladoras de nuestro tiempo: la falta de esperanza de nuestros jóvenes ante un futuro repleto de promesas incumplidas. Pekín se erige ante el neurasténico Muyu —una genial metáfora para advertir sobre la frágil salud mental de nuestra sociedad— y sus amigos como un paisaje trágico que los utiliza para mantener a pleno rendimiento las cloacas del sistema. El extrarradio occidental como una parada intermedia entre el origen y el final del trayecto: la calle Hua. Las miradas de nuestros héroes, atravesando el abigarrado laberinto de avenidas y bloques de pisos pekineses, entre partida y partida de «atrapa el as negro», siempre apuntan en esa dirección.
- Librújula (David Pérez Vega)
Los nueve relatos de Historias del extrarradio están interconectados y cuentan con el mismo narrador. En el último relato sabremos que este narrador se llama Muyu. Lo que sí sabremos desde el primero es que tiene diecisiete años y ha emigrado desde un pueblo de la China rural a las afueras de Pekín para tratar de ganarse la vida en la capital. Muyu ha dejado el instituto porque estudiar le provocaba jaqueca, que el médico llamaba «neurastenia». Parece que Muyu siente ansiedad ante la presión de los estudios y se ve obligado a dejarlo. Sin embargo, su traslado al extrarradio de Pekín no acabará con estos dolores de cabeza y la única forma que siente de aliviarlos es salir a correr. Esta idea de enfrentarse al mundo corriendo simboliza su incapacidad de adaptarse a las exigencias de una realidad que se muestra hostil con él y sus deseos de prosperar. Muyu pasa a vivir en el extrarradio de Pekín con tres jóvenes, unos pocos años más mayores que él. Estos jóvenes, así como casi todos los inmigrantes que van a aparecer en estas páginas, provienen del mismo pueblo, y más que del mismo pueblo –cuyo nombre no se cita en el libro– de una calle de este pueblo, llamada la calle Hua, que como leemos en una nota a pie de página –elaborada por la traductora Belén Cuadra– es una especie de patria literaria de muchas de las historias de Zechen.
Estos cuatro jóvenes se dedican a una actividad ilegal: salen por la noche, en grupos de dos, para poner en paredes publicidad de dos personas (su tío en el caso de Muyu), cuyo oficio es crear documentos falsificados. Así que tendrán que ocultarse constantemente de la policía. La acción de estas historias debe situarse sobre la segunda mitad de la década de los noventa, porque, aunque no se dan fechas concretas, los personajes tienen «buscas» (algo que, leo en internet, fue popular en China en esa época) y así reciben el aviso, por ejemplo, de que los llaman desde casa y esto hace que se acerquen a un teléfono público para contestar la llamada. La espera ante uno de estos teléfonos va a ser el origen del conflicto que conducirá al estallido de la violencia y la tragedia en una de las narraciones más brutales del libro, la titulada La ciudad invisible, donde un hombre, un trabajador que espera para llamar por teléfono, mata de un ladrillazo a otro que se demora en su llamada a casa. Así comienza esta historia en la página 111: «Tianxiu murió la noche del Medio Otoño. Lo encontraron tirado en mitad de la calle, encogido sobre sí mismo, con los dedos extendidos y los ojos abiertos, impregnados de sangre», y un poco más adelante: «Pero sabíamos que estaba muerto. Le dieron un ladrillazo en toda la frente y, una vez en el suelo, uno de los de Guizhou le pateó el estómago con sus zapatones de piel».
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El estilo de Xu Zechen contiene mucho aliento poético, mientras da voz a sus personajes desesperados y llenos de vida. Es cierto, que algunas narraciones, como El perro que se pasó el día ladrando, acaban adoleciendo de un exceso de tremendismo fatídico, pero en general Historias del extrarradio me ha parecido un gran libro, que me ha sorprendido para bien, con algunos cuentos verdaderamente logrados y redondos. La literatura de Xu Zechen, como leo en internet, mezcla sus raíces en la tradición china, pero también toma modelos occidentales. Historias del extrarradio es un libro que puede gustar a todos los lectores aficionados al realismo sucio norteamericano, pero también a aquellos que quieren saber qué está ocurriendo actualmente en las letras de la pujante China.
- Hemeroteca_BABBBN00220260613.pdf.pdf594.77 KBBABELIA (Ana Fuentes)
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Xu Zechen (Donghai, 1978) es redactor jefe de la revista Rénmín Wénxué (literatura del pueblo), la más prestigiosa en su país. Empezó a escribir hace 29 años después de no conseguir entrar en Derecho. Se reconoce en Muyu, el protagonista de su libro, que llega a Pekín con 17 años para ganarse la vida. “A los dos nos gusta salir a correr, tratar con todo tipo de gente y somos neurasténicos”, explica el autor por escrito desde China. “Todos venimos del pueblo, por lo que nuestras sensaciones coinciden en muchos aspectos, en especial en la relación que mantenemos con esta ciudad. Cuando escribo sobre ellos, estoy escribiendo sobre mí mismo”.
Muyu trabaja para un falsificador de documentos, un oficio habitual a comienzos de los dos mil. Vive en las afueras con varios amigos tan desharrapados como él. Cuando tienen tiempo después de trapichear, suben a la azotea a jugar a las cartas y beber cerveza mientras observan los rascacielos, esa riqueza de la que no forman parte. Sus conversaciones están llenas de humor, frases lapidarias y ternura. “Pekín es como un buldócer gigante. También como una epidemia imposible de combatir”, sentencia uno de ellos. Otro quiere leer a Freud por las partes en las que habla de sexo: “Si no fuera por esas frases subidas de tono que aparecían de tanto en tanto, ¿quién iba a tener interés en leer la matraca de un extranjero sobre cómo se interpretan los sueños?”.
Entrar en Historias del extrarradio es viajar al Pekín preolímpico, ese que todavía conservaba muchos barrios de hutong (callejones tradicionales) y tascas con el suelo cubierto de cáscaras de cacahuete, escupitajos y botellines de cerveza Tsingtao. Eran los años en los que la economía china crecía casi a doble dígito, se pagaba en efectivo y el Partido Comunista seguía aplicando la política del hijo único.
Xu Zechen cree que sus personajes, y los inmigrantes que representan, no son víctimas, y que esa es una lectura limitada y condescendiente: “Se trata de personas con una identidad y una psique ricas y complejas, con la capacidad y la determinación de crear una vida mejor para sí mismos. Me gusta mucho esa resiliencia y esa determinación, que se niega a quedarse de brazos cruzados, a desistir, y a sumirse en la autocompasión. No necesitan ni desean que se les trate como casos aparte”.
“No sé hasta qué punto Xu Zechen realmente describe estas realidades marginales con una intención crítica o si él cuenta historias de vida sin más”, plantea Belén Cuadra, traductora de Historias del extrarradio.
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“Creo que los personajes de Historias del extrarradio son muy conscientes de la realidad que los rodea. Hay un espíritu luchador y un sentimiento de comunidad. Les queda que son cuatro amigos en una terraza que miran cómo están derruyendo las calles. Pero la vida siempre se abre paso”, señala Alicia López, editora de Automática. Le viene a la mente el término rěn (忍), que se traduce del mandarín como la capacidad de aguante o de contención. Es un ideograma formado, a su vez, por otros dos: el del cuchillo y el del corazón. Resume la esperanza testaruda de Muyu, el protagonista de Historias del extrarradio: “Algún día estaríamos todos muertos, pero mientras viviéramos en Pekín las oportunidades nos llegarían tarde o temprano”.