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04.07.2025

Una vez fuimos pájaros

Por Eminé Sadk

Aquí os dejamos el texto que escribió la autora Eminé Sadk después de su visita a España en el mes de mayo, cuando presentó su novela Caravana para cuervos en Madrid y Barcelona.

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Una vez fuimos pájaros… y cuervos.

España está inusualmente verde para ser mayo. En los últimos cinco meses no ha dejado de llover. A través de la ventanilla del tren se ven campos con hierba alta y fresca, a veces asoman amapolas blancas y rojas, muros de piedra de casas abandonadas, y a lo lejos, pueblecitos y ciudades con campanarios que sobresalen por encima de todo.

Nunca hemos visto España tan verde, dicen María y Alicia, en esta época las hojas de los árboles ya están secándose por el sol y la hierba está amarilleando por el calor.

Se me seca la boca solo de oírlo. Recuerdo nuestra conversación del día anterior sobre la sequía en algunas partes de Bulgaria y España: En dos años Andalucía se secó, no quedó ni una gota de agua. Ni siquiera en los pozos. Las hojas de los olivos -árboles milenarios y resistentes- se volvieron amarillentas. Los agricultores dicen que jamás habían visto algo semejante.

Al parecer, a la humanidad le esperan muchas cosas por ver. Y a mí, España, la tierra de los conejos, como la llaman algunos. Otros afirman que la etimología es errónea y debería ser la tierra de los damanes, lo que viene a ser un conejo de las rocas, pero mucho más cómico y gordiflón.

Otros animales cómicos que pueden verse en Madrid son los perros domésticos. Bajitos y alargados, de pelo ralo, como si estuvieran cubiertos por musgo de ciudad. Y siempre les cuesta andar, como si hubieran comido un montón. María apunta que el tamaño de los perros quizá tenga que ver con el tamaño de los pisos en los que sus dueños los cuidan. Nos reímos.

Otra raza de perros que me llama la atención es el galgo. Le pregunto a Alicia si es la raza de moda ahora mismo en España. En Bulgaria ha habido todo tipo de épocas perrunas: los collies, los boxer, los dálmatas... ahora son los yorkshire terrier.

Los galgos no están de moda. Los asilos de perros están llenos de galgos, porque los cazadores los abandonan si les pasa algo y ya no les sirven para cazar. En mi barrio, continúa Alicia, hay varios galgos de tres patas adoptados.

Ahí está, no es una moda sino cuidado y solidaridad. Algo que echo terriblemente de menos en Bulgaria: la sensación de compartir y de unidad, la idea de que cada uno es parte del otro y que es necesario cuidarnos unos a otros para estar mejor.

En España sí que hay solidaridad. A todo tipo de niveles. Por ejemplo, en la edición y distribución de libros. Se trabaja para la literatura, para las historias. El mercado es terrible, lo devora todo, vomita libros todo el tiempo. Y en esa trituradora, las librerías juegan el papel principal entre los libros y los lectores. Los libreros son como estrellas de rock. En las redes sociales tienen decenas de miles de seguidores. Y se lee. Se lee mucho y muy en serio. Los libros no son un artículo más que se vende junto con lámparas de lava para mejorar el sueño, rotuladores con tinta fluorescente para pintar sobre cuero y clips con unicornios.

Los libreros son una institución de la que puedes fiarte.

Semejante modelo permite que editoriales pequeñas e independientes como la de Alicia –Automática Editorial– que publican ocho libros al año, puedan generar confianza y llegar a más y más lectores.

Por supuesto, el trabajo de las pequeñas editoriales no es fácil, dice Alicia, pero todo merece la pena porque la literatura es la mejor manera de descubrir otros mundos. Caravana para cuervos, traducido al español por María Vútova, es el libro número 75 en el catálogo de Automática.

Por eso estoy en España, para presentarlo.

Cuando María me escribió para decirme que estaba traduciendo el libro, me pregunté: ¿cómo un lector español va a poder entender el Ludogorie? ¿O entender a un hombre búlgaro perdido como Todorov? ¿Será posible encontrar alguna editorial que se anime a publicar semejante libro? En el avión me acordé de aquellas preguntas, sin saber que ya en mi primer día en Madrid encontraría la respuesta a todas ellas.

Alicia y yo nos encontramos frente al hotel y sin decirnos nuestros nombres nos damos un abrazo. En aquel momento aún no sé que en los próximos días abrazaré a todos los españoles con los que voy a hablar, y nos daremos dos besos en la mejilla. Aún no sospecho toda la cordialidad y calor que España me va a regalar. Ahora estamos tomando café en el restaurante del hotel.

Alicia enseguida saca varios ejemplares de Caravana para cuervos. Por primera vez tengo el libro en mis manos y no puedo creer que el haber ganado un concurso literario en la universidad me haya traído hasta aquí.

El autor de la portada es Javier Boullosa. Se inspiró en un antiguo sello postal búlgaro, eso fue lo que me dijo Alicia en un correo electrónico sin entrar en más detalles. Hojeo el libro. Las dos primeras páginas, totalmente negras, típicas de la editorial, que parecen separarte de un mundo para introducirte en el otro, son terriblemente impactantes. El libro es muy bonito. Lo meto en mi mochila y saco varios objetos con el diseño de Stefan Kanchev, regalo para Alicia.

Antes de pronunciar su nombre y hablarle de su trabajo, ella dice:

– Wow, Emine, is this Stefan Kanchev?

Me doy cuenta de que el diseño inspirado en un antiguo sello postal es precisamente de Stefan Kanchev, y que Alicia conoce muy bien el catálogo con sus logotipos. Antes de dirigirnos a la librería Amapolas en octubre para presentar el libro, nos damos un breve descanso en el que Alicia trabaja un poco y luego… se echa una siesta en el césped frente al Palacio Real.

Bien, me digo, esta es la editorial que se ha animado a publicar Caravana.

En Amapolas en octubre me recibe Laura Riñón, propietaria de la librería y autora de la novela homónima traducida al búlgaro, Макове през октомври. No sé, bromea Laura, por qué me tradujeron al búlgaro, lo normal es al inglés o al francés. Laura es una de las libreras estrellas de rock. Trabajó durante dos décadas para compañías aéreas, y hace siete años decidió abrir una librería en uno de los barrios más céntricos de Madrid.

Allí he quedado con el periodista Isaak Ortiz cuyos padres formaron parte de la primera ola de hippies españoles. No me dejaron casas ni dinero sino una enorme colección de vinilos. Y parece feliz con la herencia que ha recibido. Debido a su admiración por la vida comunitaria y comunal, sobre todo por los kibutz de Israel, los hippies españoles solían poner nombres judíos a sus hijos. El mejor amigo de Isaak se llama Israel.

–Los tiempos se transforman constantemente… –dice Isaak.

Así es.

Se transforman, ciertamente. Justo así comienza la presentación de Caravana para cuervos, a cargo del balcanista, traductor y escritor Miguel Roán: con una conversación sobre los monumentos y sobre cómo Bulgaria transita, o no transita, a través de los símbolos de su propia historia. Esta conversación es muy distinta a cualquier otra en la que haya participado. Y me responde a la pregunta de si en España puede ser entendido un hombre búlgaro perdido como Todorov. Sí.

El tren a Barcelona sigue avanzando a 294 km/h, luego a 296 km/h. He aquí otra cosa que me ocurre por primera vez: viajar a tanta velocidad. El tren de alta velocidad AVE, que en español significa pájaro, pero también Alta Velocidad Española, es parte del gran proyecto de infraestructuras que se desarrolló con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.

Si algún día se organizaran unos Juegos Olímpicos en Bulgaria, ¿seríamos capaces de terminar la autopista Tracia? ¿Al menos esa?

Existe otra pregunta eterna, después de la del sentido de la vida, y es si alguna vez nosotros también podremos viajar de Varna a Sofia en tres horas y media.

En Barcelona nos recibe Lucía, la otra parte de Automática. Lucía llega en bici a Altaïr, la librería dedicada a viajes y geografía fundada por una agencia de viajes. Con la misma bici Lucía se ha desplazado por Londres y Berlín, es su medio de transporte desde hace 17 años. Y lleva un divertido casco que esa misma noche probamos todos: a unos les queda como a un jinete, a otros como a un corresponsal de guerra.

Diego Velázquez es de los segundos. El brazo izquierdo de Diego está cubierto de tatuajes de animales. Y un dinosaurio en un vaso de cerveza. Iba para torero. Al menos para ello lo preparaban sus padres. Pero él eligió trabajar como biólogo. Ahora investiga la levadura. Me entero de esto al inicio de nuestra conversación. Además, le encanta leer ficción. 120 páginas al día. Hace unos años fundó el club de lectura El club de la tribu.

Carvana para cuervos se convierte en el libro de la semana de La Tribu y Alicia elige a Diego para conducir la charla conmigo en Barcelona. Una charla en la que Diego pasa por el libro y sus personajes con soltura. Abre la conversación sobre el Ludogorie y las pequeñas aldeas, por qué es tan difícil salir del terruño natal, pero también, por qué es tan difícil quedarse, la importancia de la ternura entre las personas y si tenemos derecho a fracasar, si podemos seguir queriéndonos aún después de haber fracasado.

Al final de la presentación no me cabe duda de que el lector español va a entender el Ludogorie, porque igual que en Bulgaria, en España hay pueblos (y personas) abandonados que los españoles llaman la España vaciada.

También pienso que por muy lejos que vivamos los unos de los otros, el lenguaje del dolor, traducido a través de la literatura, puede generar la conversación más humana y sincera.

Porque para existir, es necesario entendernos. Gracias a personas como María Vútova, que existen de una manera increíblemente tierna, atenta y cariñosa entre las dos culturas, semejantes encuentros de la esperanza son posibles.

Porque, como dijo Lucía, una vez fuimos pájaros.

Y quizá por eso nuestras almas necesitan volar juntas.

Gracias a todos con los que me he encontrado en este tramo del camino. Me enseñasteis un mundo cordial y lleno de sentido, al que volvería con mucha emoción. ¡Y a Felipe! ¡Gracias!

 

Eminé Sadk (mayo 2025)

Traducción de María Vútova