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Plegaria en el asedio

Damir Ovčina

ISBN: 978-84-15509-70-7

Encuadernación: Cosido

Formato: Rústica con solapas

Fecha de publicación: 20/10/2021

Número de páginas: 736

Traducido por: Luisa F. Garrido y Tihomir Pištelek

Ilustración de cubierta: Fede Yankelevich

PVP: 29,00 €

Disponible también en eBook

Programa Europa Creativa de la Unión Europea

Sarajevo, primavera de 1992: un Estado se desmorona para dar paso a la guerra y un joven bosnio de diecisiete años queda una tarde atrapado en Grbavica, un barrio ocupado por las fuerzas serbias. Durante más de tres años se verá forzado a permanecer allí, separado de su familia. Sus días discurrirán entre la oscuridad y las humillaciones por parte del enemigo. Será asignado a un pelotón de trabajo para enterrar a los muertos, pero también logrará hallar la esperanza o el refugio en el otro. Plegaria en el asedio es una hazaña literaria cuya crudeza ha sido comparada con la de las obras de Shalámov o de Grossman. Una novela con poso autobiográfico que se enfrenta a los horrores de la guerra sin dejar de ser una historia íntima sobre personas, sobre la oscuridad y la luz que hay en ellas. Con un estilo conciso y directo, auténtico y sin concesiones, Damir Ovčina nos sorprende con una pieza literaria única, una obra de primer nivel. Oraciones breves, entrecortadas y sin patetismo que acorralan al lector. Plegaria en el asedio nos arroja al absurdo de la guerra, al infierno sufrido por los civiles, a los profundos y oscuros meandros del alma humana, y es capaz de encontrar esperanza entre sus escombros, donde siempre podrán florecer el arte y el amor.

«Europa tiene que dar la bienvenida a un gran autor. Es lo más inquietante que se ha escrito sobre la realidad de esta y muchas guerras similares». Frankfurter Rundschau

«Un debut brillante. La frialdad y la inocencia de su mirada recuerdan obras maestras como Si esto es un hombre de Primo Levi o Sin destino de Imre Kertész». Berliner Tagesspiegel

«Este es el libro más perturbador que he leído en mucho tiempo. Tan inquietante como Relatos de Kolimá de Shalámov. Y que conste que es un cumplido». Aleksandar Grujičić

Cofinanciado por el Programa Europa Creativa de la Unión Europea (Support to Literary Translation Projects 2019)

Sobre este libro han dicho:
  • El Confidencial (Daniel Arjona)

    Nadie escribe como Damir Ovcina

    Una tarde de abril de 1992 un adolescente de 17 años sale de la casa familiar en el barrio de Drovinja, en Sarajevo, y se dirige al de Grbavica a ver a una amiga. Pero aquella visita que debía ser trivial no pudo serlo en aquel país en guerra y en aquella capital de Bosnia y Herzegovina que estaba a punto de ser sometida a un feroz asedio por las tropas yugoslavas, el más dilatado sitio de una población en la historia reciente. El barrio de Grbavica fue tomado aquella misma tarde por los efectivos serbios y el joven no pudo ya volver a su hogar. Pasaron tres años en los que sobrevivió en territorio hostil asignado a un pelotón que enterraba a los muertos de la contienda. Pasaron veinte años más en los cuales las impresiones e imágenes del horror vivido se batieron en su cabeza con la mejor manera de contarlas, la forma única para aquella experiencia incomparable. Y entonces, solo entonces, Damir Ovcina (1973) publicó su novela.

    La escritura de Ovcina es única, sus frases cortas estallan descarnadas y directas, en ocasiones sin verbos, mientras su estilo nos arrastra al ritmo del tableteo incesante de la Avenida de los Francotiradores. La excepcional traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek ha debido ser ardua. ¿Quién es este escritor tan singular? ¿Quién es el hombre que enterraba a los muertos en las fosas comunes de Sarajevo?

     

  • FronteraD (Isaak Begoña)

    Con un estilo directo y una personalidad arrolladora, su prosa no deja a nadie indiferente: ¿Es una ametralladora? ¿Es una batería de free jazz? Afortunadamente, sus oraciones desacompasadas no siguen moda alguna ni patrón aparente, nos dejan sin resuello. Desde luego no es una lectura fácil, pero eso nunca fue el objetivo. Hablamos con él antes de su viaje promocional a España.

    (...)

  • El Periódico de España (Carmen López)

    La gran novela sobre la guerra de Bosnia

    Salir para ver a tu novia, que sitien Sarajevo y no poder volver a tu casa en tres años: el horror según Damir Ovčina

    El libro no solo es impactante por las experiencias que el protagonista narra en primera persona, sino también por la forma en la que las cuenta. Ovčina tiene un estilo muy directo, sus frases son cortas y heladas, el punto y seguido es constante. Como un tiroteo verbal que tuvo que suponer una tarea titánica para los traductores -Luisa F. Garrido y Tihomir Pištelek- y al que el lector tiene que acostumbrarse.

    (...)

     

  • Detour (Juan Jiménez García)

    Oscuridad y tinieblas

    Año mil novecientos noventa y dos. Yugoslavia sigue su proceso de desmembramiento, desgarrada por fuerzas contrarias, viejos nacionalismos que desde siempre estuvieron latentes en el curso del tiempo balcánico, y que solo se habían tomado una pausa impuesta. Alcanzado el punto de ebullición, toda crueldad parece posible y todo camino de vuelta imposible. Todos tienen algo que echarle en cara al otro: serbios, croatas, bosnios,… Los gestos, las más pequeñas humillaciones dejan lugar al odio, a los crímenes, al germen de otros cientos de años de rencores que solo esperan su materialización bajo cualquier pretexto. El sueño de Yugoslavia (qué poco se ha entendido a Peter Handke, que todavía sigue buscando las palabras que tal vez otros encontraron para el sueño austrohúngaro), la posibilidad de convivencia entre diversas culturas, idiomas, creencias, saltaba por los aires, literalmente y Europa asistía perpleja (y esa misma perplejidad explica tantas cosas) a una última guerra. Cuando las guerras parecían cosa de otro tiempo, pasatiempos africanos, orientalismos,… Cosas lejanas en las que probar nuevas armas y jugar mal a las cartas. Plegaria en el asedio, del bosnioherzegovino Damir Ovčina, nos lleva hasta uno de los hitos de esta carrera de perdedores: el cerco de Sarajevo. Cuatro años de guerra. Cuatro años aislados, en una inmovilidad ruidosa. No solo por el sonido de las balas de los francotiradores, el cielo surcado por los obuses, como en tiempos de Guillaume Apollinaire, o el paso de los tanques, sino por el dolor, el sordo dolor, esos gritos y desgarros que surgen del interior.

    (...)

    Pero, ¿entonces? El tiempo, siempre el tiempo. El tiempo de la huida, del encierro. El tiempo de la espera. Esperar. Convertir las distancias en flexiones, respirar el aire frío, bajo cero, en la terraza, esconder su propia escritura, su historia entre los apuntes en ruso de ella, esconderse también en ella, habitar espacios vacíos. Esperar, esperar, siempre esperar. Sin optimismo. Sin pesimismo. Envejecer, saltar años de juventud, pero vivir ligado a esa muchacha serbia que le prepara pan de pita y cafés, con la que tiene sueños y realidades, que es algo físico, que está viva entre toda esa muerte. Tan viva. Y él cuenta. Sueña y se despierta. Ya no hay nada que hacer. Los días, definitivamente, se han detenido. Se han convertido en una sucesión de sonidos y, afortunadamente, en ella. Cumplir la misión en la que tanto le insistía su compañero pianista: escribir, escribir todo lo que están viendo y viviendo, todas esas aberraciones, todo ese grado cero del ser humano, el corazón de las tinieblas, la cabeza de jabalí clavada en un palo y quién sabe si guardada celosamente en los sótanos del Digitron. Cada instante que pasa estamos más cerca de algo, dice uno. Sí, pero de qué…

  • ElDiario.es (Celia Castellano)

    El barrio de Grbavica es una de las zonas de Sarajevo en la que más se percibe la huella de la guerra de Bosnia. Los edificios con impactos de artillería lo convierten en casi un oasis en una ciudad que intenta mirar al futuro, pese a la nueva fase de retórica nacionalista en la que está entrando el país y la maniobra militar de la Republika Srpska de finales de octubre, algo que ha despertado el miedo a un nuevo conflicto abierto. Damir Ovčina (Sarajevo, 1973) lo conoce bien. Tenía apenas 18 años cuando Grbavica fue ocupada por las fuerzas serbobosnias. Era primavera de 1992, comenzaba un asedio a la ciudad de cuatro años que dejó más de 10.000 muertos civiles e innumerables violaciones.

    Dos décadas después, Ovčina publicó una novela basada en sus propias vivencias que fue un éxito apabullante en su país, y le valió la comparación con autores de la talla de Vasili Grossman o Imre Kertész, y el premio Mirko Kovač. Ahora, su novela ha sido traducida al español como Plegaria en el Asedio (Automática Editorial). Un relato de 700 páginas de frases cortas y secas, de un laconismo que tensiona, y tan realista que ya hay quien ha dado por hecho que el protagonista del libro es su mismo autor. 

    (...)

  • La Vanguardia (Ferrán Dalmau)

    “Puedo imaginar otra guerra, pero prefiero no pensarlo”

    El escritor bosnio advierte que el conflicto en la antigua Yugoslavia sigue presente, y que este es el peor momento desde la guerra

    Frases cortas. A veces sin verbo. Directo. Sin adornos. Las páginas del escritor bosnio Damir Ovčina se llenan así y la grabadora también. Porque habla como escribe. Un estilo propio que muchos valoran como único. Para bien. Su primera obra llega ahora a España de la mano de Automática Editorial. En Plegaria en el asedio, un joven bosnio de 17 años queda una tarde atrapado en Sarajevo. Bajo el asedio serbio, no puede salir. Una historia muy similar a la que sufrió el autor y un conflicto que nunca se ha acabado de disolverse.

    Han pasado casi tres décadas desde la guerra que separó Yugoslavia en 1992. Damir Ovčina tardó dos de ellas en empezar a escribir y, tras el éxito en Bosnia, ahora presenta el título en Barcelona. La crudeza en sus palabras se ha ganado a la crítica, que le compara con Vasili Grossman o Primo Levi. En una cafetería refinada del Eixample, revive su interrumpida adolescencia.

    (...)

     

  • Revista de Letras (Israel Paredes)

    Narrar el horror

    Damir Ovčina tardó veinte años en completar 'Plegaria en el asedio', un magnífico y deslumbrante relato ficcional a partir de las vivencias del escritor durante la Guerra de los Balcanes

    La primera novela de Ovčina resulta impresionante en su ambición tanto narrativa y estilística como en su deseo de extenderse (más de setecientas páginas) para convertir en literatura el horror cotidiano de esos tres años. Ovčina lleva a cabo esa escritura mediante un estilo directo, de una objetividad descriptiva que, a su vez, logra no anular la subjetividad de la mirada: existe en Plegaria en el asedio una perfecta unión entre la mirada del joven y cómo vive esa experiencia, es decir, las sensaciones personales, con la reconversión de esta mirada en una detallada descripción que persigue, y consigue, transmitir con la mayor claridad posible lo que sucedió durante el asedio. Así, la experiencia personal deviene en narración casi documental.

    (...)

    Ovčina opta por apenas usar los tiempos verbales creando frases de una sencillez absoluta que son pura narración sin necesidad de conjugarlas, en muchos casos para reducir los hechos a su esencia más perfecta. Así, el lector avanza en la lectura de manera vertiginosa introduciéndose en un horror que Ovčina utiliza para ahondar en una cotidianidad íntima en la que se manifiesta de manera más clara la barbarie.

    (...)

    En tiempos de creaciones dirigidas por las agendas y temas de moda, una novela como Plegaria en el asedio nos sitúa en otros discursos, en otras coordenadas. Pone de relieve cómo una novela política comienza con su forma, con la manera en que articula su mirada desde lo artístico y lo estilístico. De esta manera, el escritor compone una novela de épica íntima que, con el tiempo, debería ser considerada como unas de las grandes obras sobre los relatos del horror bélico y, en particular, sobre la guerra de las Balcanes. Acerca del infierno, pero también mostrando que, incluso en él, es posible encontrar entre los escombros de todo tipo el amor y la amistad y signos de una humanidad que, a pesar de estar herida, se manifiesta como contrapunto de una guerra salvaje.

  • ABC (Andrea Carrasco)

    «Todo dependía de la parte de la ciudad en la que estuvieras, un día podías despertarte y levantarte con la sensación de que ya no perteneces a ese sitio, tu mundo está en otro lugar, aunque es tu hogar parece que estás obligado a desaparecer o a huir». Ese sentimiento es una de las consecuencias de la guerra que quiso proyectar en su novela ‘Plegaria en el asedio’ (Automática Editorial), que se acaba de publicar en español, en la que un joven anónimo de Dobrinja -el barrio del aeropuerto, uno de los más castigados por los ataques- permanece atrapado en Grbavica y alejado de su familia durante todo el conflicto. «En Bosnia terminamos entre Serbia, Croacia y Montenegro, y no teníamos fronteras con países que apoyasen nuestras ideas. Estábamos aislados sin capacidad para conseguir comida o armas, cualquier cosa... La guerra necesita dinero, la guerra necesita comida... si no te vuelves cada vez más débil. Nadie ataca a los países fuertes, nadie les causa problemas».

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